La reflexión de Saint-Exupéry sobre el amor y los proyectos compartidos: “Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección”


El piloto y escritor francés Antoine Saint-Exupéry (1900- 1944), es conocido a nivel mundial por su novela corta y obra más famosa: “El principito” (1943). Analizamos su reflexión sobre el amor y los proyectos compartidos.

Curiosamente, la fraseAmar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección fue publicada antes del texto que le da fama mundial, en 1939 en su libro “Terre des hommes” (su traducción en francés es Tierra de hombres). Se trata de una novela autobiográfica en la que relata sus experiencias como piloto.

En esas líneas reflexiona, entre otras, sobre el amor, el humanismo, la amistad y la vida. Las palabras pueden a primera vista ser una alusión al “andar juntos”, no aislarse en la pareja, no frenarse en el tiempo, sino recorrer la aventura de la vida en la misma dirección.

“Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección”: la reflexión de Saint-Exupéry sobre el amor y los proyectos compartidos

La frase de Saint-Exupéry, también deja en claro que el verdadero amor tampoco es obsesionarse con lo que el otro hace (o es), para mirarlo todo el tiempo, sino que se trata de tener metas, valores y proyectos juntos.

Amar no es aislamiento mutuo, sino encontrar un camino hacia dónde ir. El piloto, acostumbrado a reflexionar en sus viajes con la mirada al horizonte por el Océano Atlántico, reflexionó mucho acerca de las relaciones humanas.

El amor de la frase hace alusión a una colaboración entre dos personas. No significa que mirar al otro sea algo malo, pero no alcanza solo con eso. Uno debe poder construir un verdadero amor al tener un proyecto, al mirar una dirección hacia dónde ir.

Amar es aprender a caminar juntos, respetando los tiempos del otro. Sin embargo, el objetivo debe ser mutuo: un mismo destino en mente.

El piloto francés llegó a la Argentina el 12 de octubre de 1929 y la abandonó el 1º de febrero de 1931. En ese entonces tenía 30 años y había volado para la compañía de correo aéreo Latécoere, en Francia y África.

Aeroposta Argentina, de capitales franceses, se había instalado en Buenos Aires, y por cuenta del Estado y con pilotos galos y argentinos, distribuía cartas y paquetes a través de una red aérea que partiendo de Buenos Aires llegaba a Santiago de Chile y Asunción.

Saint-Exupéry fue nombrado director técnico y encargado de organizar una nueva ruta al sur que ligara Buenos Aires con Río Gallegos, con escalas en Bahía Blanca, San Antonio Oeste, Comodoro Rivadavia y Puerto Santa Cruz. En Buenos Aires se instaló en el departamento 605 de la Galería Güemes, en plena calle Florida.

En Argentina conoció a la mujer de su vida, la viuda Consuelo Suncín, salvadoreña que había venido al país para cobrar sueldos adeudados a su esposo, amigo personal del presidente Hipólito Yrigoyen. Tuvieron ambos otras parejas. Pero volvían a juntarse una y otra vez.

Fuente: www.clarin.com

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